Jacinto el del milagro
En el humilde pueblo pesquero, entre sus habitantes, todos pescadores, entre sus familias, corrió la voz de que había llegado un forastero, que decía ser periodista de la capital, el reportero caminaba por las polvorientas callecitas del pueblito, se detuvo para hablar con uno de los vecinos, escuchamos que el vecino le decía -dice usted que viene a entrevistarlo, bueno yo le voy a mostrar la casita de Jacinto el del milagro, lo llamamos así desde que paso ... ; sera mejor que él se lo cuente, mire su casita es aquella la pintada de azul-, el periodista se dirigió a la casita que le mostraron, tocó la puerta y apareció Jacinto , observo su ropa muy humilde , su pantalón con un fajín en la cintura, una camisa abierta que mostraba un pecho musculoso, todo esto lo detallo, miró las humildes sandalias que le cubrían sus pies, por ultimo sus ojos se detuvieron en el rostro del pescador, un rostro moreno quemado por el sol, al fin le hablo, busco al señor Jacinto, vengo de un periódico de la capital a entrevistarlo, Jacinto le dijo, yo no creo ser tan importante, solo soy un humilde pescador, por favor pase y tome asiento, llamo a su esposa y le dijo, por favor trae algo fresco para que se sirva el señor capitalino, el periodista le dijo por favor cuénteme como ocurrió aquello del milagro, jacinto le dijo: bueno ahí va; aquí en el pueblo festejamos el día de san Pedro pescador , todos nos subimos a nuestros botes, con nuestras familias, incluso algunos invitados, ese día del festejo iba a ser igual al de tantos otros años, ya vera usted que no fue así, nos hicimos a la mar como le dije con nuestras familias y san Pedro, estábamos en pleno paseo y el oleaje aumentó en forma alarmante, el mar se puso bravo y como eran tantos los botes, chocaron uno contra otro y muchos cayeron al mar, incluso san Pedro, yo busque a mi esposa y a mis hijos y los puse a salvo en la orilla, le dije a mi esposa que se quedara con los niños que yo voy a ayudar a la gente, regresé al agua, ayudando en todo lo que podía a mis vecinos, ya estaba por regresar junto con mi familia, cuando sentí un fuerte golpe en la cabeza que me dejó sin sentido, el oleaje me llevó mar adentro y a estaba para ahogarme, recobre el sentido con las justas, miré a mi alrededor, solo vi agua y mas agua, por eso que me di cuenta que el oleaje me había llevado mar adentro, como le dije, pensé que de esta no me salvo, estaba ya para dejarme un suave golpe en las piernas, me hizo mirar que era, no me va usted a creer, era la imagen de san Pedro que flotaba junto a mi, lo mire y le dije gracias san Pedrito y me subí sobre su barriga , el agua amenazaba con saltarme encima, agarré y me amarré con mi sajin a san pedro, así hemos estado mucho, mucho tiempo, se hizo tarde, llegó la noche, el día siguiente igual todo el día y toda la noche nuevamente, estaba con sed, con hambre y muy, muy mojado y que ni ver tierra, solo agua y agua, las horas se me hicieron interminables, que perdí la noción del tiempo, agotado, con mucha hambre y mucho frió, me quede dormido, cuando desperté, que cree usted, estaba cerca a la playa, pude ver las casitas y a la gente de mi pueblo, buscando mi cadáver esperando a que el mar lo botara y yo aparecí vivo, bien amarrado a san Pedro, para que le cuento la alegría de mi familia y de mis vecinos, vi a mi esposa y le grite, mujer, prepárame un caballo, que tengo tanta hambre que me lo voy a comer completito, de ahí quede como con lo de "Jacinto el del milagro", si señor periodista, fue un verdadero milagro.
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