El quinto mandamiento
Aquel atardecer santiago manejaba su carro despacio, distraído, pensando, en que se acercaba la navidad y en los regalos para su esposa y sus hijos.
Pensó: tengo que hacer maravillas con mi sueldo, bueno Dios dirá, de pronto
lo sacó de su pensar unos gritos, paró su carro, sí efectivamente eran los gritos de una niña o niño, miró afuera, sacando la cabeza por la ventana del carro, sí efectivamente eran un pedido de auxilio, no se veía nada , era un campo abierto, con matorrales, árboles, como los gritos continuaban me bajé del carro, fui a ver quien gritaba y lo que vi me llenó de horror y rabia, un hombre luchaba con una pequeña niña, para violarla. La pequeña de unos 8 años se defendía como podía, yo corrí hacia ellos y golpeé al tipo que se volvió contra mi, era un hombre alto y fornido y yo no soy ningún Tarzán, me vi pateado, golpeado y tirado en el suelo con el tipo que no dejaba de golpearme, yo desesperado, pedí a Dios ayúdame, por qué este me matará, violará a la niña y después la matará, busqué algo con que defenderme, cogí una piedra y con ella le pegué en la cabeza al tipo que estaba sobre mi, pegándome.
Le dí con toda mi fuerza una y otra vez hasta que cayó al piso con la cabeza ensangrentada, me incliné sobre el y lo vi con horror que estaba muerto, Dios mio pensé, soy un asesino, he echado por tierra el no matarás.
La justicia después de conocer los hechos me declaró inocente pero ¿Dios?... bueno también me declaró inocente.
Pensó: tengo que hacer maravillas con mi sueldo, bueno Dios dirá, de pronto
lo sacó de su pensar unos gritos, paró su carro, sí efectivamente eran los gritos de una niña o niño, miró afuera, sacando la cabeza por la ventana del carro, sí efectivamente eran un pedido de auxilio, no se veía nada , era un campo abierto, con matorrales, árboles, como los gritos continuaban me bajé del carro, fui a ver quien gritaba y lo que vi me llenó de horror y rabia, un hombre luchaba con una pequeña niña, para violarla. La pequeña de unos 8 años se defendía como podía, yo corrí hacia ellos y golpeé al tipo que se volvió contra mi, era un hombre alto y fornido y yo no soy ningún Tarzán, me vi pateado, golpeado y tirado en el suelo con el tipo que no dejaba de golpearme, yo desesperado, pedí a Dios ayúdame, por qué este me matará, violará a la niña y después la matará, busqué algo con que defenderme, cogí una piedra y con ella le pegué en la cabeza al tipo que estaba sobre mi, pegándome.
Le dí con toda mi fuerza una y otra vez hasta que cayó al piso con la cabeza ensangrentada, me incliné sobre el y lo vi con horror que estaba muerto, Dios mio pensé, soy un asesino, he echado por tierra el no matarás.
La justicia después de conocer los hechos me declaró inocente pero ¿Dios?... bueno también me declaró inocente.
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