La pena de Miguelito, el ángel

Al angelito Miguelito se le veía muy preocupado, no jugaba con los demás ángeles, solo estaba sentado con su cabecita entre sus manos. San Pedro que lo estaba observando, se acercó a él y le preguntó: "Miguelito, ¿qué pasa contigo? te veo triste, pensativo".
Miguelito le contestó: "Yo no estoy triste, yo estoy feliz de estar aquí en el cielo, pero sí estoy preocupado". San Pedro le dijo: "¿Por qué? ¿Por quién? Y el angelito le contestó: "Por mamá. Cuando la miro, siempre está llorando por mí, porque desde pequeñito yo ya tenía un lugar aquí en el cielo y me vine, pero ella quedó muy muy triste y yo no quiero que esté así. Yo quiero que sepa que soy muy feliz aquí en el cielo". San Pedro le dijo: "Ya veré cómo arreglo eso, déjame pensar, déjame pensar.
Al rato se le acercó a Miguelito y le dijo: "Ya tengo la solución, te meterás en sus sueños y hablarás con ella, le dirás que ya no sufra por ti, que tú eres feliz aquí y que ella no sufra porque tu felicidad está aquí y que pronto llegará un consuelo que le alegrará sus días, que habrá un nuevo hijito que llenará su vida y que a ti te recuerde con mucho amor y que ya no llore más, porque te hace sufrir a ti".
Miguelito se metió en los sueños de su mamá y le habló, cuando su mamá despertó, recordó todo el sueño, todo por completo de lo que había soñado por Miguelito y le dijo: "Hijito, ya no voy a llorar más, yo sé que allí junto a Dios estás feliz, te recordaré siempre, hijito, pero ahora que sé que estás bien, yo también lo estoy, esperando el regalo del buen Dios.
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