El mal hijo
Conversaba con un señor conocido al que no había visto desde hace mucho tiempo, me contó una historia que encontré horrible, este señor que vamos a llamar "Don Carlos", el era propietario de una enorme casa de tres pisos, allí vivía con su esposa y su único hijo Cesar Augusto, se murió la esposa de Don Carlos y quedaron solos el y su hijo.
Al poco tiempo se casó Cesar Augusto y trajo a su esposa a vivir con ellos, como la casa era tan grande no hubo ningún inconveniente.
Hasta aquí todo bien...pero siempre hay un "pero".
Pasó un corto tiempo y el hijo le dijo a mi amigo:
Papá, vamos a pintar la casa y hacerle algunos arreglos que está necesitando, para ello necesito que me des un poder para hacer los trámites.
Don Carlos le dio el poder, pasaron unos días y le dijo a mi amigo Carlos: Papá, te busqué una pensión muy cómoda donde vas a poder estar bien atendido, yo retiro dinero con el poder y cancelo varios meses de la pensión, por todo el tiempo que vas a estar allí, no te puedes quedar, como ésta va a ser remodelada, vas a estar incomodo.
Lo llevó a la pensión, lo dejó allí y ya ni fue a verlo, cancelaba todos los meses y hasta allí llegaba con su padre.
Don Carlos se preguntaba que pasaba, ya había pasado mucho tiempo y el quería regresar a su casa, Don Genaro, un señor que también estaba en la pensión le dijo, ¿por qué no te das una vuelta por tu propiedad, así te enteras que pasa?
Fue a su casa y quedó con la boca así de abierta, su hijo había hecho muchos departamentos, los había vendido y estaba gozando de lo lindo con el dinero que a él le pertenecía.
Los vecinos lo enteraron de todo, la mayoría de ellos lo conocían y sabían que tenia una economía muy sólida, ademas era dueño de muchos terrenos, el hijo dispuso de todo eso.
Mi amigo lleno de rabia y mucho dolor, regresó a su pensión y le contó a su amigo lo sucedido, este le aconsejó demandarlo, le dijo, tu tienes los documentos donde figuras como legitimo dueño, tu hijo no merece otra cosa, Don Carlos le contestó, no haré nada contra el, lo obligaré a que me de una cantidad mayor para mis gastos, la mala acción de el, se la dejo a Dios, yo no le deseo ningún mal, por que es mi hijo y lo quiero mucho y lo perdono, le haré pensar su mala acción, si algún día todo iba a ser suyo o me lo hubiera pedido, yo no le habría negado nada, quiera Dios que recapacite y venga a mi como el hijo amoroso que todo padre quiere tener.
Al poco tiempo se casó Cesar Augusto y trajo a su esposa a vivir con ellos, como la casa era tan grande no hubo ningún inconveniente.
Hasta aquí todo bien...pero siempre hay un "pero".
Pasó un corto tiempo y el hijo le dijo a mi amigo:
Papá, vamos a pintar la casa y hacerle algunos arreglos que está necesitando, para ello necesito que me des un poder para hacer los trámites.
Don Carlos le dio el poder, pasaron unos días y le dijo a mi amigo Carlos: Papá, te busqué una pensión muy cómoda donde vas a poder estar bien atendido, yo retiro dinero con el poder y cancelo varios meses de la pensión, por todo el tiempo que vas a estar allí, no te puedes quedar, como ésta va a ser remodelada, vas a estar incomodo.
Lo llevó a la pensión, lo dejó allí y ya ni fue a verlo, cancelaba todos los meses y hasta allí llegaba con su padre.
Don Carlos se preguntaba que pasaba, ya había pasado mucho tiempo y el quería regresar a su casa, Don Genaro, un señor que también estaba en la pensión le dijo, ¿por qué no te das una vuelta por tu propiedad, así te enteras que pasa?
Fue a su casa y quedó con la boca así de abierta, su hijo había hecho muchos departamentos, los había vendido y estaba gozando de lo lindo con el dinero que a él le pertenecía.
Los vecinos lo enteraron de todo, la mayoría de ellos lo conocían y sabían que tenia una economía muy sólida, ademas era dueño de muchos terrenos, el hijo dispuso de todo eso.
Mi amigo lleno de rabia y mucho dolor, regresó a su pensión y le contó a su amigo lo sucedido, este le aconsejó demandarlo, le dijo, tu tienes los documentos donde figuras como legitimo dueño, tu hijo no merece otra cosa, Don Carlos le contestó, no haré nada contra el, lo obligaré a que me de una cantidad mayor para mis gastos, la mala acción de el, se la dejo a Dios, yo no le deseo ningún mal, por que es mi hijo y lo quiero mucho y lo perdono, le haré pensar su mala acción, si algún día todo iba a ser suyo o me lo hubiera pedido, yo no le habría negado nada, quiera Dios que recapacite y venga a mi como el hijo amoroso que todo padre quiere tener.
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