Como un Cuento
Como un Cuento
Me encontraba con mi esposo en la
salita de nuestra casa. Pensábamos salir pero no lo hicimos. Llovía con fuerza.
Parecía que los elementos de la naturaleza, enojados descargaban su furia. De
pronto, nos sobresaltó unos fuertes golpes en la puerta. Mi esposo se paró de
un salto. Fue a abrir, yo lo retuve diciéndole “No, no abras” Pero él me dijo”
Puede ser alguien en apuros. Con este “tiempito”, no sería nada de raro”. Yo insistí
“Por favor no abras”. Los golpes en la puerta continuaron, pero más débiles. Mi
esposo abrió y un hombre cayó pesadamente a
la entrada de nuestra sala. Le dijo a mi esposo “Cierre por favor,
cierre. Me persiguen, asesinos contratados para matarme. Yo no soy un
delincuente. Sino todo lo contrario. Soy un rico industria, me buscan para
acabar conmigo y despojar a mi hijo que solo tiene 10 años. Soy viudo y mi niño
solo me tiene a mí. Parientes ambiciosos quieren mi fortuna. Me dispararon y
estoy herido. Creo que de gravedad. Aquí miren, estoy sangrando. Ahora por
favor ambos díganme. ¿Quiénes son ustedes?” Mi esposo le contestó “Soy contador
y tenemos un buen vivir” Y le dijo que yo esperaba un bebé. El hombre dijo
“Gracias, Dios mío. Ellos son personas buenas. Puedo confiar en ellos” “Mis
negocios son todos limpios, legales. Todos mis papeles están en mi maletín.
Siempre los tengo conmigo. Porque ya he tenido otros atentados. Ahora díganme
sus nombres. ¡Rápido! que el tiempo se me acaba. Estoy a las puertas de la
muerte. Y uno no se engaña, mirándolos a ustedes, sé que son personas de bien. ¡Pronto!
Saque los papeles del portafolio”. Y firmó varios documentos. Mi esposo le dijo
“Voy a llamar a la policía y una ambulancia” Pero él lo detuvo “No tengo mucho
tiempo. Saque del maletín un sello y póngalo en todos los documentos. Yo
firmaré”. Mi esposo así lo hizo. Ahora nos dijo “Cerca de aquí está mi
automóvil, pero si ustedes tienen uno, váyanse en él. Porque ellos darán
conmigo y los matarán a ustedes también. Dejo una carta para mi hijo. Recojan a
mi hijo y llévenlo con ustedes. En nombre de Dios, cuiden de él” Y
encargándoles a su niño, murió.
Cogimos unas cuantas cosas y nos
fuimos en nuestro coche. Nos dirigimos a la casa del niño que era una gran
mansión. Le dimos la carta del padre. El chico ya estaba aleccionado por su
papá. Llamó al mayordomo. Le entregó varios sobres con dinero para el personal
que trabajaba allí. Les ordenó que se fueran. Dijo que él cerraría la mansión y
que conservaría la llave. Que se comunicaría con el mayordomo, más adelante.
Miró a mi esposo y le dijo. “Si mi padre
confió en ustedes. Yo también lo haré”. Juntó unas cuantas cosas, retratos de
sus padres, documentos y nos dijo “Nos vamos al extranjero”. Desde allí, mi
esposo contrató un abogado. Nada era desconocido para mi esposo ya que por su
profesión de contador, estaba al tanto de muchas cosas. A partir de allí, solo
se dedicó a cuidar los bienes de Renato. A quién hemos querido siempre como nuestro
hijo. Mi esposo le dijo que cuando él cumpliera su mayoría de edad, le
entregaría todo. Y él debería hacerse cargo del imperio que le dejó su padre.
Nació nuestra hija y creció junto
a Renato como una hermanita menor y llegó el día en que Renato se hizo cargo de
su herencia. Mi esposo siguió cuidando de todo. Nuestra niña creció y se
convirtió en una hermosa jovencita. Renato y ella se hicieron novios y nos han
dado nietos muy hermosos. El niño mayor lleva el nombre del padre de Renato.
Bueno aquí termina la historia. Como ven todo no es feo porque esta historia
fue una realidad.
Desesperanza
Siento que soy una
sombra
Vago por el mundo
Sin ilusiones
Nadie, nadie nunca me
nombra
Esta soledad es tan
grande
Es como carga en mi
vida
Dejé atrás mis
amigos, mis amores
Solo conservé para mí
Mis penas, mis
ilusiones rotas
Por eso ahora la
realidad
Como una bofetada me
azota
Solo espero la muerte
Pero ni para eso
tengo suerte
Soy un pobre ser sin
esperanzas
Con una vida sin alegría
ni amor
Hacia ello se inclina
mi balanza
La noche continúa
Nunca de bellos
colores se muda
La noche siempre
negra
Me duelen los ojos de
tanto apretarlos
De amargo llanto
siempre los mojo
Mis cansados brazos
vacíos, vacíos, se extienden
Quieren buscar,
alcanzar algo...a ti
Pero tú no entiendes
Días amargos, corazón
errante
Brazos extendidos,
limosneros
Siempre anhelantes,
pordioseros
Siempre, siempre
mendigantes.
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