Coquita y Jerónimo


Jerónimo era el gran perro guardián de la niña inválida que su mamá dejaba en silla de ruedas junto a la casa para que se entretuviera mirando a la gente y a los niños que jugaban. El fiel Jerónimo cuidaba de ella , no dejaba que nada se le acercara y si esto pasaba gruñía ferozmente mostrando sus poderosos dientes. La niña le habló a su guardián: "Jerónimo hace días que te notó triste, si pudieras hablar me dirías qué te pasa". Él la miró con su cabezota de medio lado y con los ojos más tristes del mundo: "Ay mi niña , estoy recontra enamorado de Coquita, la bella perrita de la caza grande, pero cuando ella pasa por mi lado me dice "cómo te atreves a mirarme, grandote feo" y se va riendo de mí. Pero cómo te cuento de esto si no entiendes mis ladridos". 
La dueña de Coquita la colocaba en la ventana sobre un cojín de seda, la peinaba y le ponía vistosas cintas en su lanudo pelo blanco. Así transcurrían los días para Jerónimo. Pero un día que la contemplaba no se dio cuenta de que la silla de ruedas se deslizaba hacia la pista. La niña gritaba asustada. Jerónimo emprendió una rápida carrera salvando a la niña de ser atropellada por los carros. Coquita miraba todo desde la ventana y pensó : "¡Qué valiente es el grandulón! Pero ni modo, sigo viéndolo muy recontra feo" La vanidosa perrita no cambió su actitud con Jerónimo. 

El noble perro se había dado cuenta que su amor era imposible y las cosas siguieron así igual, pero sucedía algo que cambió todo. Coquita salía con su dueña, de pronto, la señora tropezó y cayó al suelo. Coquita salió disparada de los brazos de la señora y cayó en medio de la pista. Los carros pasaban y pasaban ella pensó cerrando sus ojitos : "aquí muero". Pero de pronto se sintió cogido por el pescuezo y sintió que corría con ella. Todo fue tan rápido, fue depositada en la vereda ya a salvo por Jerónimo, ella abrió los ojos y se dio cuenta que le había salvado la vida el grandote Jerónimo. La dueña de Coquita y la niña se hicieron amigas y al fin, despumes de tal hazaña del grandote, Coquita cambió su actitud con él y la niña y la señora contemplaban complacidas los amores de Coquita y de Jerónimo.

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