El Jardín de las ilusiones
En la gran casa de Mariela, había un gran y hermoso jardín. La chica allí a sus amiguitas del colegio, adolescentes todas ellas, que recién se asomaban a la vida. Su lar preferido era el jardín, en medio de el había una glorieta con comodos asientos. Cuando ahí se reunían, hablaban de sus sueños. En ese momento, hablaba Rosa Maria: yo quiero estudiar para ser doctora de niños, porque los chiquitos me encantan y que mejor que curar sus males. Rebeca dijo: yo quiero ser arquitecta, hacer muchos edificios para que todos tengan una vivienda donde estar. Teresita, la traviesa, la que siempre tenia el chiste oportuno y la risa alegre y contagiosa, soprendió a todas cuando dijo: yo seré monja, misionera, esa es mi vocación y lo que más deseo. Todas quedaron con la boca abierta del asombro. No, no es posible, si a ti te gustan las fiestas, el buen vestir y todo lo que sea diversión y todo lo que sea pasarlo bien. Teresita les dijo a todas que lo sabía y que le costará convencer a sus padres, ya que es su única hija, pero que dios la ayudará, que el en confía. Isabel dio su opinión: yo solo quiero ser ama de casa, casarme, tener hijos, en dedicarme a mi hogar ya que nunca tuve unos padres divorciados un tiempo con uno, un tiempo con otro, no, no, yo quiero un hogar de verdad. La voz de Lucía se dejó escuchar: yo pondré una pastelería grande. Lucía era una niña gordita, una de ellas le dijo: te vas a comer todos amiga. Todas rieron. Mariela, que era la última dijo su deseo: no importa lo que hagamos, seamos en futuro amigas, deseo que todas sigamos unidas y que en este jardín nos juntemos, nos contemos nuestras cosas y que seamos amigas para siempre. En este deseo, todas estuvieron de acuerdo, y se unieron en un gran, gran abrazo.
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