Casilda

La solitaria Casilda pasaba su vida vacía y sin afectos. Su padre y su madre y su único hermano habían muerto hacía cinco años, cuando ella tenía diez. Su papá y mamá, carecían de familia, unieron sus vidas y eran muy felices. Ambos trabajaban, se conocieron y unieron sus solitarias vidas, formaron un hogar muy confortable. Vinieron los hijos, primero ella, una niña, y luego llegó su hermanito Esteban, tres años menor que ella. 

Aquel día salieron de paseo, en el coche de su papá; los niños cantaban felices y mamá los acompañaba llevando el compás con las palmas de sus manos. Papá manejaba; de pronto, apareció aquel camión que se fue contra ellos. El auto volcó y allí quedaron sin vida: papá, mamá y su hermanito. Ella salvó de puro milagro y se preguntó muchas, muchas veces -¿Por qué no me fui con ellos?-

Al quedar completamente sola, fue enviada a un asilo y allí llevaba ya diez años; sí, ya tenía quince. Cada día que pasaba le pesaba más su soledad, pasaba sola sus cumpleaños, su primera comunión, sus enfermedades; y todo lo que hacía era recordar en todos lo que tuvo. 

De pronto, se detuvo en su caminar de un lado para otro, estaba junto a la puerta de la calle, estaba, cosa rara, abierta, lo que nunca ocurría; salió y caminó sin rumbo. De pronto, vio aquel solitario niño y pensó -Qué hace este pequeño tan solito, sobre todo un día como hoy, Navidad- Se acercó al pequeño y le preguntó -qué haces tan solito-  El niño le contestó  - Igual te pregunto yo a ti-  Casilda le respondió -Lo mío es distinto, yo no tengo a nadie y tú sí debes tener familia que te busca. Yo me alejé del asilo donde vivo a caminar. Regresa donde tú mamá, debe estar desesperada buscándote-  El chiquito le respondió -Mamá sabe dónde estoy, ella me dio permiso para venir a verte y consolarte-  Casilda le dijo -No entiendo nada ¿cómo tú mamá sabía que yo estaba triste y por qué te mandó a ti?- El pequeño le dijo -Ya no preguntes más, después entenderás. Ven conmigo, vamos a pasear, la luna nos alumbrará- -Sí- le contestó Casilda.

La noche estaba muy clara, jugaron correteándose. Ambos reían. Casilda estaba feliz. Llegó la media noche y ambos a la vez dijeron -¡Ya es Navidad!- Casilda abrazó al niño diciéndole - ¡Feliz Navidad, ya está Jesús con nosotros- El niño la abrazó y le dijo -Este abrazo te lo manda tu mamá, tu papá y tu hermanita- Las lágrimas corrían por la cara de Casilda. El niño se las secó con su manito, mientras lo hacía le dijo -Tienes que regresar al asilo y ya no llores. Donde están, son felices y un día te reunirás con ellos- Ella le dijo -Pero tú no te preocupes por mí, me voy junto a muchos-  Acompañó a Casilda hasta la puerta del asilo. El Niño ya no estaba -No entiendo todo lo ocurrido voy a rezar en la capilla. Se acercó al altar donde la Virgen María y al niño Jesús, los miró Casilda, vio al niño Jesús y cayendo de rodillas dijo -Él estaba junto a mí.

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