Soy una heroína


Aquel día Maricela pensó que sería el último de su vida, cuando aquel malvado se abalanzó sobre ella, cuchillo en mano. Por instinto de conservación, se tiró hacia un lado. El maldito asesino cayó de costado. Pero como un relámpago vino a su mente que aquel criminal, sino era a ella, lo haría con otra persona. Buscó en torno suyo y vio aquel pedazo de madera. Lo cogió fuertemente entre sus manos y con él golpeó duramente al sujeto. Este cayó nuevamente al suelo. Maricela pidió auxilio a gritos y mientras gritaba, golpeaba nuevamente al delincuente. Se acercaron personas en su ayuda. El sujeto fue entregado a la policía. Maricela se sintió como una heroína de película y le dio ganas de poner su pie sobre aquel tipo y emitir un gran grito triunfal. No hizo nada de eso. Recogió sus libros y cuadernos, sacudió sus ropas y se marchó. Ya había entregado su testimonio a la policía, así es que le dijo adiós al asunto y ¡Chao!

Se fue a casa y al verse en su hogar, afloró sobre su piel, el susto que había pasado y se puso a llorar. Su mamá le preguntó “¿Qué pasa hijita?” Ella le contó todo lo sucedido. Mamá la consoló abrazándola y dándole muchos, muchos besos. Maricela le dijo “Mamita, yo soy una heroína y solo tengo 14 años. Tuve mucho, mucho miedo, continuo, pero hice lo que tenía que hacer, pero en estos momentos solo soy tu hijita. Hazme mucho, cariño para que se me pase el susto mamita. El susto me vino recién, mami” Mami recibió entre sus brazos a su bebé y le dio gracias a Dios porque su niña estaba bien.

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