La reunión
Como siempre, nos reuníamos el grupo de amigas, tocábamos todos los temas, las compras que hacíamos, la crianza de los hijos y las que ayudábamos a ver nietos. Así transcurrió la tarde, a la hora de marcharnos se acercó a mí una de las más jóvenes de nuestro grupo "Por favor, quédate, quiero conversar contigo". La reunión era en su casa, está casada y tiene dos hijos aún pequeños, así que me senté a esperar que despidiera a todas las amigas. Se sentó junto a mí, yo sencillamente la escuché "Mira" me dijo "tú sabes que tengo mi padre y lo quiero un montón y él a mí, pero no siempre fue así. Dicen los que conocieron a mi madre que soy igualita a ella. Yo tenía nueve añitos cuando mi madre se fue de casa con otro hombre, no se tocó el corazón para hacerlo; yo era una pequeñita y necesitaba de ella, pero igual se fue dejándonos a mi padre y a mí. Mi padre cambió por completo, no quedaba nada del hombre alegre que reía y cantaba ayudando a mamá en casa. Se volvió taciturno, triste, callado y conmigo cambió por completo; buscó una persona que cuidara de mí y nunca me hizo faltar nada, pero nunca lo veía.
Cuando yo iba a desayunar, él ya no estaba, igual al almuerzo, cena; los días sábados y domingos, se iba a nuestra casa de campo, él solo, completamente solo, y el día lunes de allí se iba a trabajar. Papá, como sabes es dueño de una empresa. Yo no comprendía por qué era así conmigo y conversando con mi madrina de bautizo, esta me dijo: "¿Sabes por qué es así contigo? Bueno, yo te lo voy a decir...porque eres idéntica a tu mamá, te pareces mucho a ella, por eso evita verte, porque en ti ve a la mujer que quiso tanto y lo traicionó". Entonces comprendí todo, comprendí a mi padre, pero no justifiqué su actitud conmigo.
Un día, él llegó temprano de su trabajo, era raro porque eso no ocurría nunca, entró a su dormitorio y de allí no salió, se hizo llevar almuerzo con la cocinera. Cuando esta salió del cuarto le pregunte: "¿Cómo está papá?". Ella me respondió: "Lo veo bastante mal". Entonces me decidí y entré a su dormitorio, cosa que nunca hacía, no entraba cuando no estaba él, me senté junto a su cama y le dije: "Papá estás mal, ahora yo cuidaré de ti". En aquel entonces tenía dieciséis años. Me miró y me dijo: "Por favor, hija, déjame solo". No le contesté. "No te voy a dejar solo, mírame, papá, mírame, sé que me parezco a mamá, pero yo no soy ella, yo soy tu hija, no me vas a sacar de tu vida porque no puedes y nunca podrás. Mírame, papito, yo te necesito, necesito hablar contigo, contarte mis cosas, quiero abrazarte y darte un beso". Me miró y vi que sus lágrima corrían por su cara, abrió los brazos y me apretó contra su pecho.
Desde entonces llevamos muy buenas relaciones, es un excelente padre,suegro y malcriador abuelo. Hace un par de años supimos que mi madre había muerto. El hombre con el que se fue la abandonó y sufrió mucho. Nos dejó una carta donde nos pedía perdón, hacía años que estaba sola y no volvió por vergüenza. Nos decía que en su pecado estuvo su castigo y que la perdonáramos para descansar en paz. Nosotros, papá y yo, la perdonamos. Bueno, amiga, esa es mi historia ".
Cuando yo iba a desayunar, él ya no estaba, igual al almuerzo, cena; los días sábados y domingos, se iba a nuestra casa de campo, él solo, completamente solo, y el día lunes de allí se iba a trabajar. Papá, como sabes es dueño de una empresa. Yo no comprendía por qué era así conmigo y conversando con mi madrina de bautizo, esta me dijo: "¿Sabes por qué es así contigo? Bueno, yo te lo voy a decir...porque eres idéntica a tu mamá, te pareces mucho a ella, por eso evita verte, porque en ti ve a la mujer que quiso tanto y lo traicionó". Entonces comprendí todo, comprendí a mi padre, pero no justifiqué su actitud conmigo.
Un día, él llegó temprano de su trabajo, era raro porque eso no ocurría nunca, entró a su dormitorio y de allí no salió, se hizo llevar almuerzo con la cocinera. Cuando esta salió del cuarto le pregunte: "¿Cómo está papá?". Ella me respondió: "Lo veo bastante mal". Entonces me decidí y entré a su dormitorio, cosa que nunca hacía, no entraba cuando no estaba él, me senté junto a su cama y le dije: "Papá estás mal, ahora yo cuidaré de ti". En aquel entonces tenía dieciséis años. Me miró y me dijo: "Por favor, hija, déjame solo". No le contesté. "No te voy a dejar solo, mírame, papá, mírame, sé que me parezco a mamá, pero yo no soy ella, yo soy tu hija, no me vas a sacar de tu vida porque no puedes y nunca podrás. Mírame, papito, yo te necesito, necesito hablar contigo, contarte mis cosas, quiero abrazarte y darte un beso". Me miró y vi que sus lágrima corrían por su cara, abrió los brazos y me apretó contra su pecho.
Desde entonces llevamos muy buenas relaciones, es un excelente padre,suegro y malcriador abuelo. Hace un par de años supimos que mi madre había muerto. El hombre con el que se fue la abandonó y sufrió mucho. Nos dejó una carta donde nos pedía perdón, hacía años que estaba sola y no volvió por vergüenza. Nos decía que en su pecado estuvo su castigo y que la perdonáramos para descansar en paz. Nosotros, papá y yo, la perdonamos. Bueno, amiga, esa es mi historia ".
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