Lo que se hereda no se hurta
Mi nieta se acercó a mí dónde yo seguía con mi tarea de escribir. Ella tiene 11 años, "bueno", me dijo, "yo tengo un cuento muy bonito que inventé, te lo regalo para que tú lo escribas en tu página, ¿quieres?", "Mira" le dije yo, "eso no seria honrado, porque es tu cuento, yo no lo hice, sino tú. Vamos a hacer una cosa, tú me lo dictas, yo lo escribo y lo pasamos a mi pagina". No muy convencida me dijo "bueno, pero yo no sé si te va gustar". Respondí: "Cuéntamelo y ya veremos". La niña comenzó el relato de su cuentito.
Había un basurero de esos horribles, lleno de desperdicios y olía muy mal. Estaba lleno de bichos asquerosos. Pasó un carro y tiraron un paquetito. ¿y qué crees tú? eran tres gatitos, chiquititos chiquititos. Los gatitos se salieron de la bolsa y como eran chicos se caían. Buscaban en la basura algo de comida y comían lo que encontraban en ella. Enfermaron y se murieron dos, solo quedó uno vivo. Pasó por ahí un viejito, lo miró y le dijo: "Mira, me da mucha pena verte, pero ni modo, no puedo llevarte, porque la familia me diría ¿así que un gatito no? Escoge, uno de los dos se queda y uno se va, y primero soy yo, así que chau".
Pasaron muchas personas y lo miraron con indiferencia. Una anciana se detuvo y le habló: "Me gustaría llevarte conmigo, gatito, pero no puedo, mis nietos le tienen horror a los gatos, pero haré algo por ti". Lo cogió, lo limpió muy bien, le puso una cinta al cuello y lo dejó muy bonito, lo colocó en una caja de zapatos. Lo dejó y se marchó. Pasaron las horas y nadie le dio por llevárselo.
Un hombre se detuvo a mirarlo y le dijo: "Quizás me servirías para el experimento que tengo en la cabeza, hubiese preferido un perro, pero ni modo, de repente tú me sirves". Cargó con él y se lo llevó a su cuarto donde vivía. Ni qué hablar del cuarto, era horrible. Bueno, comenzó el experimento con el gatito. Le puso de nombre Lucifer y poco a poco le fue enseñando a robar. Cuando pasaba una señora, el gato corría, se erizaba delante de ella. La señora asustada soltaba su cartera. Lucifer corría y se la llevaba con sus dientes y corría para dársela al hombre. Así fue aprendiendo miles de trucos para robar hasta que la gente avisó a la policía y el ladrón maestro fue a parar a la cárcel. Lucifer se vio solo, sin casa y sin comida. Paso días muy tristes, se sentía solo y abandonado, ya no tenía ganas de robar comida. Mal la estaba pasando, pasó una señora y le acarició la cabeza. Lucifer pensó en atacarla, pero se dijo: "Eso es lo que necesito, cariño". La señora se lo cogió y se lo llevó a su casa y allí lo cuidó, le dio de comer y lo trataba muy bien. Ella le puso de nombre, le llamó Querubín. Cuando ella salía, quedaba toda la comida, quedaba en la mesa; pan, carne, pollo, etc, etc. Pero Querubín pensó: "La señora es recontra buena conmigo, no le voy a robar. De ahora en adelante, no mas robos. Eso forma parte de mi oscuro pasado. ¿les gusto? Lo que se hereda no se hurta ¿verdad?".
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